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Historias bajo la luna: Propósitos sin propósito

  • Foto del escritor: ERIKA Castillo
    ERIKA Castillo
  • hace 21 horas
  • 3 Min. de lectura

Feliz 2026, mis queridos Lectores bajo la Luna 🌙✨


Espero que hayan pasado unos días de descanso, comidas ricas en compañía de seres amados, jornadas de no hacer nada para poder hacerlo todo, y muchas lecturas de esas que nos roban de la realidad sin que sintamos remordimiento alguno.

Este mes de cierre de 2025 estuvo lleno de rutinas echadas por el caño y, aunque usualmente eso es algo bueno, esta vez sí me sentí un poco fuera de base. Porque lo que hago, lo hago porque me gusta, no por obligación ni por deber. Así que cuando, por alguna razón —y aquí debo incluir los desvelos jugando con mi pequeña y las mañanas llenas de risas a muy temprana hora—, mis momentos a solas entre la oscuridad del amanecer y yo se ven disminuidos, mi vida empieza a resentirlo.

Y no me malentiendan: pasar tiempo con mi familia es mi actividad favorita. Pero también mi rato personal es importante. No puedo llenar los vasos de los demás si el mío está vacío, ¿verdad?


¿A ustedes les gusta hacer propósitos para un nuevo año?

Por lo regular, yo no sigo esta costumbre, ya que siento que muchas veces no resulta tan provechosa… permítanme explicarme un poco más, por favor.

Cuando uno se hace un propósito es porque quiere cambiar algo que no se siente del todo bien. Pero ¿qué tal si eso que nos molesta nos está diciendo algo más? ¿Qué tal si necesitamos mirar más a fondo la situación y entender realmente qué está pasando?


Por ejemplo, si procrastino alguna tarea, tal vez sea porque no me llena por completo. Y si es así, ¿por qué la estoy haciendo? Muchas veces no es pereza, es falta de entendimiento interior y del porqué hacemos las cosas. A veces vamos tan llenos de inercia por la vida que no nos preguntamos si el camino que llevamos de verdad nos guía hacia donde queremos estar. Y entonces procrastinamos…

Por eso no me gusta hacer propósitos. Prefiero observar qué funciona y qué no funciona en mi vida. Ver si lo que estoy haciendo aún resuena con mi llamado y con el lugar donde quiero estar. Y si algo no está encajando, preguntarme por qué lo sigo haciendo. Ahí es donde me doy cuenta si tengo que dejarlo ir o modificarlo para que funcione de una manera más honesta conmigo.


Estas introspecciones requieren mucha honestidad y claridad para poder comprenderlas. Y, a veces, en medio de carreras de obstáculos entre sillones, no es el mejor momento para llevarlas a cabo. Por eso suelo esperar a que todo vuelva a su ritmo y yo recupere mis espacios. Y eso, casi nunca, ocurre el primero de enero.


Pero este año sí tengo algo muy claro: no quiero caber en definiciones que alguien más haya creado, ni en moldes que vienen fabricando vidas desde generaciones atrás. Quiero crear mi propio molde, con mis propias expectativas y experiencias de fondo. Uno donde no tenga miedo de dar fuerza a mi voz y a mis ideas; donde la opinión de los demás no tenga poder sobre mi manera de conducirme. Al final de cuentas, nadie camina con mis zapatos, ¿cierto?


Esto no quiere decir que me vuelva grosera o impertinente, pero sí quiero perder el miedo a expresar mis límites. Al final, la reacción de las personas dice más de lo que ellas llevan dentro que de lo que yo soy en realidad.

Así que este año no tengo propósitos. Tengo objetivos claros, donde mis pasos me lleven hacia el lugar que quiero habitar, siendo coherente con mis ideales y creencias, sin soltar nunca la mano de Dios.



Y en esta intención, mis queridos Lectores bajo la Luna, me despido deseándoles un 2026 lleno de claridad, de metas alineadas con sus deseos… y tal vez uno que otro propósito de ser un poco mejores 😉

Un abrazo ✨🌙

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