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Aventuras de una mamá lectora: La vida sin un libro

  • Foto del escritor: ERIKA Castillo
    ERIKA Castillo
  • 17 ene
  • 3 Min. de lectura

A un día cualquiera desde un rincón del mundo


Mis queridos Lectores bajo la Luna:


Espero que esta misiva les encuentre con las manos en un libro y el corazón lleno de sueños formados por tinta.


Esta vez, mis queridos Lectores bajo la Luna, he cambiado el formato; espero me perdonen.

Siempre me ha gustado recibir cartas, y más aún escribirlas.


Recuerdo que, de pequeña, veía cómo mis abuelos recibían emocionados sobres con sellos estampados, cargados de emoción.

Mi abuela Carmen, un alma de paciencia infinita y carácter fuerte —según cuentan sus hijos, aunque yo nunca la vi molesta—, me dejaba verlas y se reía de mis quejas: yo nunca había recibido una carta con mi nombre escrito en el remitente.

Los días pasaron y el cartero hizo su acostumbrada visita, entregando sobres de todos los tamaños y colores: grandes, pequeños, blancos, amarillos…

Entonces mi papá me entregó uno con mi nombre escrito.

Una tía de él, que vivía en Alaska, me había mandado una carta. Mi primera carta.


Aún la conservo. Ya tiene algunos años encima, pero mi alegría sigue siendo la misma que aquel día en que una pequeña de rizos abría emocionada el sobre para leer las palabras que contenía.


El tiempo ha pasado y las cartas son ahora un bello recuerdo de quienes llevamos en nuestra tarjeta de identificación los números 19.. en la fecha de nacimiento.

Pero mi amor por ellas sigue vigente.


Así que, con mucho cariño, les escribo esta pequeña misiva para contarles la tragedia de este día: estoy atrapada en una sala de espera y no tengo libro alguno entre mis manos.

¿Saben ustedes lo tediosa que se vuelve la realidad cuando no hay una historia por vivir por delante?

Mi marido me ha aconsejado ver las redes sociales, pero no encuentro mi lugar allí, aunque sea solo como espectadora.


No es necesario escuchar a los demás; es más eficiente aprender a leer los labios, porque unos pequeños caracoles enganchados a los oídos te proporcionan todo tipo de charla, sin necesidad de que hables.

Fahrenheit 451

Ray Bradbury


Las personas que comparten mi asiento miran ensimismadas las pantallas en sus manos.

Ven pasar distraídamente a quienes caminan, y luego regresan la mirada a esos rectángulos absorbentes que nos hacen pasar el tiempo sin siquiera experimentarlo.


No les voy a mentir: sí tengo redes sociales, pero no puedo permanecer mucho en ellas, a menos que me encuentre con una historia interesante o la reseña de un libro que esté en mi lista de deseos.


La verdad es que me siento incómoda observando la vida de otros, lo cual inevitablemente conduce a odiosas comparaciones cuyo resultado nunca es positivo.

Pero ¿cómo es que me encuentro en este enredo?

Tuve que salir de prisa y mis manos no pudieron con tantos paquetes, así que mi libro se quedó triste, esperando en mi mochila.

Y ahora estoy aquí, en una silla fría e incómoda, presenciando el fluir de la vida desde un rincón.


Todos estamos sujetos a la obediencia —había dicho Prisco a su nuevo esclavo, con severidad—. Yo obedezco a los dioses y a las leyes de mis padres, y hay motivos para sentirse orgulloso de tal sujeción, porque es voluntaria y obligatoria para todos los hombres honorables. Un hombre sin disciplina es un hombre sin alma.

Médico de cuerpos y almas

Taylor Caldwell


Puedo decir con absoluta certeza que, cuando el Creador del universo me llame y abra mi alma de par en par, verá que está marcada por todas las historias que leí.

Por aquellos libros que formaron mi manera de mirar la vida desde la infancia, cuyas ideas hice propias y cuyas aventuras llenaron mis tardes como si fueran mías.


Un libro tiene la capacidad de hacernos conversar con personajes que nunca hemos conocido en la vida y, sin embargo, llegar a conocerlos tan íntimamente como a nuestros seres más amados.


Y aquí estoy: sola, acompañada de personas, con las manos vacías, añorando un libro entre ellas.


Puede carecer de imaginación, pero es una mujer, y hay fuerza de varios ejércitos en las mujeres.

Médico de cuerpos y almas

Taylor Caldwell


Y con audacia puedo decir que no carezco de imaginación, ni mucho menos de fuerza.


Así que he buscado la manera de que el tiempo pase a través de mí y no se convierta en un enemigo cruel.


Busqué mi archivo de libros en PDF y me puse a leer uno de ellos.

Y, vaya ironía de la vida: ahora yo también estoy pegada a la pantalla de mi celular, inmersa en un mundo que no me pertenece, pero que me hace sentir que pertenezco en él.



Me despido de ustedes, mis queridos Lectores bajo la Luna.

Espero que esta misiva los encuentre rodeados de libros e historias que marquen su vida.

Mientras tanto, sigo aquí, esperando… sin un libro entre mis manos, pero leyendo una historia maravillosa.



Un abrazo. ✨🌙

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