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Aventuras de una mamá lectora: Pijamas, hotcakes y la Biblioteca de la medianoche

  • Foto del escritor: ERIKA Castillo
    ERIKA Castillo
  • 10 feb
  • 4 Min. de lectura

Existen tantas vidas como posibilidades. En cada una de ellas tomamos decisiones distintas, y esas decisiones nos conducen a diferentes resultados.

Matt Haig

La Biblioteca de la medianoche



Hoy los invito a que disfruten conmigo un día diferente, mis queridos Lectores bajo la Luna. Valentina y yo nos hemos tomado un día solo para chicas para iniciar la semana.


El plan para el día de hoy será el siguiente:

Al despertar veremos si ha llegado el hada de los dientes. Anoche, la no tan pequeña de rizos alborotados perdió otro diente de leche. Ya no le quedan muchos y eso anuncia un inevitable destino. Por ello quiero congelar el tiempo un ratito y disfrutar de mi pequeña, de su inocencia, de sus juegos y de sus travesuras que me voltean de cabeza la realidad… aunque alguien dijo que era bueno cambiar de perspectiva de vez en cuando, ¿verdad?


Volviendo al plan de hoy: el día amaneció en pijamas. Está nublado y lluvioso, perfecto para que sigamos el mismo ejemplo y las pijamas sean nuestro outfit del día.


¿Cuántas veces se puede tener el privilegio de escoger cómo vivir un día? Las obligaciones nos arrastran y nos dictan qué debemos hacer, cómo tenemos que expresarnos y hasta nos eligen la ropa que hemos de llevar hasta que el sol se oculte. Pero hoy nosotras le hemos cerrado la puerta a las obligaciones y vamos a dejar a las pijamas como acto de rebeldía, disfrutándolas sin culpa alguna.


Yo solo sé lo que ocurre en el hoy. Sé mucho sobre el hoy. Pero no sé nada sobre mañana.


Continuando con nuestro plan, y aprovechando que el hombre de la casa estará ausente —a él las obligaciones no lo sueltan y tiene que afrontarlas—, gracias a que las mantiene bien organizadas mi pequeña y yo podemos vivir en un mundo de fantasía cuantas veces lo deseemos.


Como este será un “día de chicas”, vamos a cocinar hotcakes y los comeremos en la cama viendo la serie de turno. Valentina me ha invitado desde hace días a ver una serie de anime y, para mi sorpresa, me ha gustado bastante. Así que ahora nos esperamos a tener tiempo libre para compartir un tiempo juntas viendo una historia de otro mundo.


Lo más ordinario, a nuestros ojos, puede terminar siendo lo que nos lleve a la victoria.


Después de quedarnos en cama viendo los últimos dos capítulos de la serie, acurrucadas, aún me deja tenerla entre mis brazos y considero que tengo mucha suerte, porque esos pequeños momentos en los que aún cabe en mi pecho es donde recuerdo lo afortunada y bendecida que soy. Ser mamá de mi pequeña de rizos alborotados me cambió la vida de la mejor manera posible.


Valentina me advirtió que quiere pintar mis uñas y que ella escogerá los diseños y colores, así que después de la serie sacaré el estuche de esmaltes y negociaré con ella para que no me haga algo de lo que me arrepienta al día siguiente.

De algún modo, uno dejaba de ser quien era para convertirse en lo que hacía.


Para esta hora, el hambre volverá a tocar la puerta, así que el plan es hacer rollitos de sushi. Mi ayudante mezclará los ingredientes y yo supervisaré el proceso. Les pido sus oraciones llegado este momento: la cocina sufrirá… y yo también.


A cada instante de nuestras vidas entramos en un universo nuevo, con cada decisión que tomamos.


Después de comer hemos decidido que será el turno de la lectura. Ella terminará su libro —Mujercitas— y conforme avanza me platica sobre las aventuras de los personajes. La veo emocionarse contándome cómo los imagina, aunque usualmente el relato acaba con la versión que ella ha construido en su cabeza.


Para este momento, el hombre de la casa habrá regresado y lo recibiremos con preguntas, acosándolo en lugar de darle una bienvenida. Nos sentaremos los tres a escuchar nuestros relatos, aunque es bien sabido que quien hablará y hablará será Valentina. Y así está perfecto: me gusta verme a través de sus ojos.



Es difícil predecir cómo serán las cosas… las cosas que nos harán felices.


El último libro que terminé es La biblioteca de la medianoche, de Matt Haig. Cuando lo compré, alguien me dijo que “no era literatura, era algo para pasar el tiempo”. Tal vez tenga razón, pero yo no leo los libros porque sean literatura de verdad o no; los leo para ver nuevas miradas del mundo que habito, para entrar en épocas que no presencié o en mundos donde la realidad se queda muy lejos y nos permite soñar.

Este libro me recordó que yo tengo poder sobre mi vida, algo que normalmente se nos olvida porque vivimos en piloto automático. Así que, aunque no fuera “literatura de verdad”, para mí sí lo fue, porque al final, lectores, todo libro que cae en nuestras manos es literatura.


Espero que hayan disfrutado junto a nosotras este día fuera de la realidad, mis queridos Lectores bajo la Luna. Yo me despido de ustedes antes de empezar una lucha encarnizada por meter a bañar a cierto personaje de pelo rizado, deseándoles que encuentren un libro que les permita poner la realidad a raya y volver a ella más seguros de ustedes mismos.


Un abrazo ✨🌙

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