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Cuentos con historia: La última tarde de juegos

  • Foto del escritor: ERIKA Castillo
    ERIKA Castillo
  • 13 mar
  • 5 Min. de lectura

Hoy es viernes de cuento, mis queridos Lectores bajo la Luna, y quiero hacerles una pregunta:


¿Alguna vez la nostalgia se ha instalado en su corazón rehusándose a salir de él?


En mi caso, así ha pasado.

El hada de los dientes ha visitado varias veces nuestro hogar. Debo admitir que la última vez se me olvidó avisarle que tenía que hacer una parada aquí, lo que provocó una pequeña crisis que, para resolverse, requirió mucho ingenio, disculpas y hot cakes de chocolate de por medio.


Volviendo al tema, a mi pequeña de rizos alborotados no le quedan muchos dientes por mudar. Las hadas ya han tenido que cambiar de habitación; ahora viven en la mía, porque la de Valentina empieza a ocuparse de cosas de “niñas grandes”.


Ha sido una etapa maravillosa, sin embargo está llegando a su fin.

Ahora entramos en otra donde la magia se vuelve ciencia y razonamiento lógico… y me atrevo a confesar que no se siente muy bien.


Prefiero pensar que son las hadas quienes me cambian de lugar las llaves de la casa y no mi acostumbrado olvido.


Pero ver a Valentina olvidarse de sus amigos imaginarios me ha roto el corazón más veces de las que puedo soportar.


Porque ahora… ¿quién será su voz interior?

¿Le hablará con tanto amor como lo hacían ellos, o la llenarán de dudas y comparaciones inútiles?


Estas preguntas atormentan mi cabeza en las noches, taladrando mi paz y mi seguridad como madre.


Es entonces cuando el juicio se sienta al lado de mi cama y empieza a decirme que no hice suficiente, que me equivoco muy seguido, que necesito ser mejor.


El caso es que la nostalgia y la duda han tomado café conmigo por varias mañanas, y las hadas me miran de reojo desde los rincones mientras limpio la casa. Tienen miedo de que las expulse de nuestra vida.

Y la verdad… yo tengo miedo de que ellas ya no encuentren espacio entre nosotras y decidan marcharse.


¿Se vuelve fácil en algún momento la maternidad?

¿Se recupera alguna vez la magia perdida?


Me despido de ustedes, mis queridos Lectores bajo la Luna, y si encuentran alguna respuesta a mis preguntas, por favor háganmela llegar. Alguna hada puede hacer la entrega si ustedes gustan.


Un abrazo.

✨️🌙



La última tarde de juegos


El día de ayer fue muy divertido. Jugamos a la pastelería y, de tantos postres que comí, mi cola —que antes era de algodón de fresa— ahora está llena de chispas de colores que voy dejando tras de mí cuando camino por la casa.


En otras circunstancias, esto sería un rastro para la búsqueda del tesoro de las hadas, pero hoy te has quedado más tiempo jugando con tu nueva amiga. Entiendo que esto tiene que pasar; después de todo, mi existencia está limitada a la primera visita del hada de los dientes.


Ser amigo imaginario no es una tarea fácil, porque desde el momento en que existes sabes que, en algún momento, tendrás que entregar a la personita que tanto amas, y que ha sido tu única compañía, a los brazos de la realidad, donde no hay espacio para arcoíris con sabor a chocolate ni viajes a la luna sobre almohadas de plumas.


No entiendo por qué tienes que olvidarme cuando el hada de los dientes te visita.


Puedo quedarme un rato más, ¿verdad?


Cuando te enseñé a decir tu primera palabra hicimos tan felices a mamá y papá, ¿te acuerdas?


Mamá no dejaba de grabar y pedirte que repitieras la palabra una y otra vez, pero tú y yo estábamos jugando a las boquitas cerradas y el video no salió como mamá lo esperaba.


Me hiciste unas alas grandes llenas de estrellas para poder viajar por los cielos, pero ahora han desaparecido. Sentía que algo estaba sucediendo desde el momento en que las campanillas de mis pies dejaron de sonar; ese fue el primer indicio: estabas comenzando a madurar.


Hemos sido amigos desde que caminabas a gatas y comías los trozos de galleta que le robábamos a Niebla, tu perrito. No eran tan apetitosos como pensábamos, eso lo sabemos ahora.


Jugamos al té con la princesa Luna y fuimos al castillo encantado que estaba bajo la mesa de la cocina. ¡Cómo extraño esos momentos!


Pero ahora juegas con tus amigas por las tardes y no siempre soy el invitado de honor. Debo reconocer que el otro día me gustó jugar con tu amiguita de la escuela: es muy simpática. Me hizo cosquillas en la barriga hasta que se me salieron los caramelos de las orejas de tanto reír.


Ahora ya tienes obligaciones escolares y te sientes una niña grande porque llevas una mochila repleta de libros de los que yo no entiendo nada. La verdad, no sé para qué te sirve aprender todo eso. Mira a los adultos: están todos tan ocupados recordando las cosas de los libros que a veces se olvidan de dejar un espacio para su amigo.


Creo que mamá pudo verme hoy por la mañana cuando estabas en la escuela. Mientras acomodaba en las repisas nuestras muñecas, miró largo rato nuestro escondite favorito y dijo:

—Me gustaría que te quedaras así un poco más.

Después entendí a qué se refería. Ella también te está extrañando. Ella también sabe que estás dejando atrás momentos llenos de magia que difícilmente volverán.


¿Te acuerdas de la canción que inventamos cuando nos íbamos a dormir?

La guardé en un lugar especial para que te acompañe en las noches de insomnio y te ayude a alcanzar hermosos sueños entre nubes de colores y unicornios que comen pasteles de chocolate.


Mañana te invitaré a volar por las nubes y te llevaré una vez más a la tierra de las hadas. Pelearemos contra los elfos que roban las flores de la primavera y regresaremos a casa para tener una fiesta de té, la más hermosa que jamás hayas imaginado.

Debemos disfrutar nuestros últimos momentos juntos.

Te mostraré lo valiente que eres y no te dejaré olvidar la astucia que posees. Llenaré tu memoria de pequeñas luces para que, cuando seas una adulta, puedas usarlas para iluminar tu camino.

Pondré palabras que te recuerden cómo levantarte después de caer, las mismas que te dije cuando empezabas a caminar.

Te dejaré un recordatorio para que por las noches mires las estrellas y no te olvides de soñar.

Pero, sobre todo, te dejaré todo mi amor en nuestro escondite favorito, para que siempre tengas un lugar donde refugiarte cuando el mundo de los adultos sea difícil de habitar.

Dejaré pequeños arcoíris por aquí y por allá. Siempre es bueno saber que, después de una tarde de lluvia, los colores pueden llevarte de nuevo al sol.

Mañana será nuestro último día juntos, lo sé…


Tu diente está por caer.




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