Historias bajo la Luna: Las sandalias en sus manos
- ERIKA Castillo
- 3 abr
- 1 Min. de lectura

En un viernes, una madre vio caer a su hijo.
Con el corazón atravesado, se quedó inmóvil, sabiendo que no había nada que pudiera hacer.
En ese mismo viernes, un hijo vio llorar a su madre.
Y entendió que no existen palabras capaces de consolar un dolor así.
¿Puede evitarse el sufrimiento de una madre por un hijo?
¿Puede sostenerse el mundo cuando ese lazo se rompe?
Se miraron.
Y en esa mirada, el tiempo comenzó a desmoronarse.
Ya no habría caricias por la mañana,
ni abrazos tibios mientras el té se enfría.
Ese era el último instante.
Aquellas manos inocentes, hechas para amar,
ahora cargaban el peso de una cruz.
Nunca volverían a acariciar a quien les dio la vida.
Y esas manos, cansadas de entregarlo todo,
quedaron vacías…
sin el hijo que tanto amaban.
La casa quedó llena de ausencia.
A lo lejos, la cruz aún grita la maldad del hombre,
mientras una madre llora frente a una cuna vacía.
Entre sus manos, unas sandalias pequeñas, empapadas en lágrimas,
guardan la historia de un niño
que llegó al mundo en un pesebre
y se fue de el en un madero.
No es la historia de la salvación de la humanidad.
Es la añoranza de una madre
por el hijo que ha perdido.
El que siempre fue suyo…
aunque nunca le perteneciera.
Y en ese viernes,
por primera vez,
una madre no pudo sanar las heridas de su hijo.
Solo le quedó el dolor,
y la fe temblorosa
de que, tal vez,
mañana…
todo habrá valido la pena.









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