Historias bajo la Luna: Una decisión en la oscuridad
- ERIKA Castillo
- 20 mar
- 3 Min. de lectura
¿Cuando nos suceden cosas malas, podemos sentimos especiales?
Esta pregunta llegó a mí después de ver un video en redes: un niño con cáncer sonreía. Decía que era feliz porque Dios lo había escogido.
Y algo dentro de mí se quedó con ese eco.
¿Acaso Dios me escogió a mí también?
Desde que fui diagnosticada con una enfermedad autoinmune, mi vida se volvió un torbellino. Hay días buenos, donde casi me siento una persona “normal”.
Pero hay otros en los que respirar ya es una victoria.
Nunca me sentí escogida, al contrario hubo momentos que la palabra maldición no dejo de salir de mi boca.

Mi diagnóstico se convirtió en una batalla.
Y no una fácil.
Nadie me hablo bonito ni me dijo que yo era elegida, hubo mucho silencio y vacío en mis días.
Tuve que soportar momentos donde mi voz no fue escuchada, donde se puso en duda mi dolor, incluso por el medico que tenía la obligación de hacerlo, porque había jurado que lo haría para estar frente a mí.
Uno que prefirió llamarme exagerada antes que escucharme.
Invalido mi sufrimiento porque no encajaba con el molde que el quería que yo tuviera.
No usó esas palabras.
Ojalá lo hubiera hecho.
Lo suyo fue peor, fue desprecio disfrazado de autoridad.
También están los otros.
Los que te miran y dicen: “pero no pareces enferma”.
Como si el dolor necesitara una cara visible para ser real.
O los que te piden que agradezcas porque “no es cáncer”.
Como si poner en riesgo tu vida con cada tratamiento fuera un privilegio menor.
Entonces me pregunto:
¿debo estar al borde para merecer comprensión?
Y vuelvo a la pregunta inicial:
¿Dios me escogió… para esto?
Porque no se siente especial cuando la vida se desordena y arrastra a los que amas con ella, donde tienes que convivir con rutinas difíciles que quitan la espontaneidad y lo divertido y solo queda lo que "debe ser".
Pero también he descubierto algo:
En los momentos más oscuros, la luz es cuando pide brillar con más intensidad.
Te pide que la dejes salir.

Si ese médico no hubiera sido un patán, si no hubiera hecho mal uso de su profesión y autoridad, tal vez nunca habría aprendido a defender mi voz.
A creerme.
A sostenerme incluso cuando todo afuera decía lo contrario.
¿Cuántas veces somos capaces de ser fieles a nosotros mismos?
Yo aprendí a serlo cuando las noches eran largas, cuando el miedo no tenía nombre y mi cuerpo parecía un enemigo.
Entonces cambié la pregunta:
¿Y si no fui escogida para sufrir sino para transformarme?
Quiero creer que así fue.
Porque no sería quien soy hoy sin haber atravesado esta batalla.
Los momentos que nos transforman no llegan con luz.
Llegan con dudas, con miedo, con oscuridad.
Pero es ahí donde algo dentro de nosotros empieza a brillar.
Y una vez que lo hace, es difícil apagarlo.
Tal vez no nos sentimos especiales mientras luchamos.
Pero cuando miramos atrás entendemos algo incómodo y poderoso:
nadie más podía haber librado esa batalla por nosotros.
Y entonces, tal vez, sí…
fuimos elegidos.
Y a ti, lector bajo la Luna…
¿Sientes que has sido elegido para algo,
o estás en medio de la tormenta sin saber cómo salir?
No necesitas creer en Dios si no es tu camino.
Yo elegí creer en Él después de renegar contra suya, de olvidarme por completo de su existencia, solo cuando me perdí pude encontrarme.
Pero tu puedes empezar por algo más cercano:
cree en ti.
Porque hay batallas que nadie más puede pelear por ti, aunque digan lo contrario.
esta vida, que ahorita habitas con todo y sus grietas es solo tuya.

Eres como ese joven rey que solo tiene una honda…
y el valor de no rendirse.
Y a veces, eso es suficiente para conquistarlo todo.
Solo tienes que decidirte.
Te mando un abrazo. 🌙✨









Comentarios