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Si tuviera otra vez 10: Aventuras de una mamá ~Lectora~ ... cinefila

  • Foto del escritor: ERIKA Castillo
    ERIKA Castillo
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura


¿No sería genial si pudiéramos congelar el tiempo?


Mis queridos Lectores bajo la Luna, hoy no vengo con una aventura bajo el brazo sobre el libro que estoy leyendo. Como a toda buena lectora empedernida, la vida últimamente me ha alejado de lo que tanto me gusta. Las obligaciones de casa, la maternidad, el monstruo de mil cabezas… bueno, situaciones hay miles. Pero esta es la vida, ¿no? Y siempre hay etapas: unas nos gustan más que otras, pero de todas salimos, ¿verdad?


Mi pequeña de rizos alborotados está creciendo a un ritmo mucho más acelerado del que yo quiero aceptar, y tengo que aprender a vivir con esto. Es muy divertido y hermoso convivir con una casi adolescente extremadamente parlanchina. Un momento estamos platicando del hada de los dientes y su olvido imperdonable del último diente que se despidió de nosotras, y al siguiente estamos platicando sobre la ropa que llevaba puesta la protagonista de la película.


¿Puedo volver a tener a mi pequeña sonriente de ojos negros azabache por un momento más?


No lo creo. Alguien me la cambió por una versión femenina de mi marido con un carácter chispeante del que a veces no salgo muy bien librada.


Todos siempre cambian y hay que saber aceptar que nosotros también cambiamos



Es difícil aceptar el cambio. Es desconocido, nos muestra situaciones donde nos sentimos vulnerables, pone nuestras debilidades de frente y nos lleva por caminos que la mayoría de las veces quisimos evitar.

Sin embargo, el cambio es constante y lo único que hemos hecho desde que nacimos es cambiar, nos guste o no.


Valentina ha cambiado mucho, aunque es la misma pequeñita de mejillas rosadas que lloraba en mis brazos cuando el médico me la presentó por primera vez.

Aún sonríe con esa chispa de travesura cuando me ha escondido algo que curiosamente he buscado todo el día. También busca acurrucarse en las mañanas en mis brazos, y lo más triste es que ya no puedo cargarla, cuando sale de la escuela me platica todas sus aventuras como cuando fue el primer día, cada vez toma mi mano cuando caminamos, aunque ya alcanza casi mi hombro.


Ella y yo hemos cambiado juntas. He desarrollado una seguridad que nunca creí capaz en mis veintes. También estoy más a gusto conmigo misma y no lo hubiera logrado si no me miraran unos tiernos ojitos negros cada mañana motivandome a ser la mejor versión que yo puedo ser.


No sé qué seremos en unos años más. Si creo que cambiaremos mucho y cuando vuelva a estas letras podré agregar muchas más cosas que al día de hoy desconozco. Y está bien.

Cambiar está bien.



Fuiste un ejemplo de fuerza, ternura y dignidad


¿A qué viene todo esto? Bueno, es que las “tardes de películas” han sido una constante en nuestros días últimamente. Y habiendo revisado el catálogo cierta tarde, apareció una película que yo vi en algún momento: Si yo tuviera 30, con Jennifer Garner.

Juntas, como es costumbre, acostadas una sobre la otra, empezamos a verla. Las palomitas desaparecieron del plato más rápido de lo que nos dimos cuenta. Y también vinieron a mí los recuerdos de que ciertas escenas no deberían presenciarlas esos ojazos negros, pero ya era demasiado tarde, así que tuve que utilizar el infame truco: “Cierra los ojos, esto no lo puedes ver, ahorita te lo explico”.

Y ella, como niña obediente, aún, esconde su cabeza en mi pecho hasta que pasa la “escena prohibida”.

Se divirtió mucho, debo admitir que yo también, bailamos y reímos. Verla a través de sus ojos me dio una nueva perspectiva; curiosamente, le dio una lección sobre cómo tratar a esas amistades que no siempre nos hacen bien. Si lo hubiera planeado así, no me habría salido tan perfecto como fue.



Porque su vida en la escuela no ha sido tan placentera últimamente. Amistades que parecían eternas cambiaron y los chismes empezaron a hacer daño. Ahora hay incomodidad en lugar de confianza en los recreos. Y solo tienen 10 años.


Pero mi pequeña siempre saca una sonrisa y mis abrazos todavía pueden curar su corazón roto.

Esto es lo que suplico que nunca cambie.


La vida sería tan maravillosa si supiéramos qué hacer con ella


Al terminar la película, cuando veíamos inevitable final feliz, mi pequeña sonriente dijo:

“Si somos valientes conseguimos lo que queremos, ¿verdad, mamá?”


Creo que puedo estar tranquila. Valentina entiende al mundo a su manera y lo enfrenta sin temor, y eso ya es una gran ventaja.


Me despido de ustedes, mis queridos Lectores bajo la Luna, deseándoles que la vida les llene de maravillosas emociones y experiencias que les llenen el corazón. Mientras tanto, yo volveré a llenar mi tazón de palomitas.


Un abrazo ✨🌙

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